De corceles y de acero



Y después de dar tantas vueltas y chocarme la cabeza con miles de cosas (entre ellas: paredes, muebles, ventanas y demás), llegué a la conclusión de que esto no va más. Qué hace rato necesitaba un cambio. No es que lo quería "ya", pero es indudable que cuando dejas de buscar las cosas, aparecen solas. En mi caso, suceden.
La verdad que no tengo la más pálida idea de qué va a pasar ahora o como va a transcurrir la historia, pero me acordé de todas las idas y venidas que tuve, [como también las tuvieron conmigo] y caí en la cuenta de que esa persona realmente se la jugaría por mi aunque tuviera la última carta del maso.
Así que acabo de apostar. Después de marearme un poco en ese juego de infancia que da vueltas mientras estás montado en un caballo o especie de corsel, opté por agarrar la sortija y  terminar el juego.
Quizá por fin encuentre esa historia que no tenga un final ni triste ni feliz, simplemente que no tenga final.


Y yo que digo que odio a los vuelteros, me olvido que desde mis 5 años la calesita fue mi juego favorito. Qué cosa.





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